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Historias de un Motero 02/10: El arte de esquivar huecos en moto

Publicado el 10/08/2025 en la categoría Historias de Moteros


► Hay mañanas en que la ciudad despierta con prisa, y otras en las que parece que la neblina quiere retenernos un poco más. Esa mañana, el frío bogotano mordía las manos y el asfalto brillaba con esa humedad traicionera que convierte cada sombra en una incógnita. Aferrado al manubrio, comprendí que la ruta que tenía enfrente no era distinta a la vida misma: un sendero lleno de huecos que nadie se preocupa por tapar, pero que cada quien debe aprender a esquivar.

Un hueco no es solo una trampa en la carretera; es una lección disfrazada. Algunos se anuncian con charcos oscuros, otros se esconden bajo hojas secas como secretos que prefieren no ser descubiertos. Los más peligrosos son aquellos que parecen inofensivos… hasta que estás encima de ellos.

Aprendí que no basta con mirar lo que está justo frente a la rueda. Hay que mantener la mirada adelante, como quien lee el futuro en un horizonte incierto. En la moto, y en la vida, no se trata de reaccionar cuando el problema ya te respira en la nuca, sino de sentirlo venir antes de que aparezca. Es anticipación, confianza, y un instinto que se afila kilómetro a kilómetro.

Esa madrugada, en la salida norte, un hueco enorme emergió de la niebla como una boca abierta. No tuve tiempo de pensar. Un leve giro, una inclinación calculada, y lo dejé atrás. El corazón golpeaba el pecho como si quisiera recordarme que estaba vivo. Seguí rodando, sonriendo por dentro, porque entendí que aquel instante no era solo una maniobra: era una metáfora perfecta.

En la vida también hay huecos que buscan quebrarnos: fracasos inesperados, palabras que hieren, sueños que no se cumplen. Algunos los esquivamos, otros nos tragan por completo. Pero incluso cuando caemos, siempre existe la posibilidad de volver a arrancar, con un par de cicatrices más y un poco más de sabiduría en el equipaje.

He viajado por carreteras sin huecos, lisas como un cristal. Y, paradójicamente, me han resultado menos emocionantes. El hueco, como el obstáculo en la vida, nos obliga a estar presentes, a no confiarnos, a recordar que la ruta es un diálogo constante entre la incertidumbre y la habilidad.

Hoy lo sé: el arte de esquivar huecos no consiste en evitarlos para siempre, sino en atravesar la vida con la serenidad de quien sabe que, venga lo que venga, encontrará la manera de mantenerse en pie. El asfalto, como la existencia, nunca será perfecto… y tal vez ahí resida su verdadero encanto.


♥♥ “Cuatro ruedas mueven el cuerpo, dos ruedas mueven el alma”


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